Tener dinero no sólo influye en poder comprar más cosas. Son muchos los expertos que alertan de los riesgos reales para los niños que viven en la pobreza. De hecho, un estudio publicado en julio en la revista JAMA Pediatrics asegura que crecer en la pobreza dificulta el desarrollo mental de los niños y conduce a un menor desempeño académico en los colegios.
Pese a que ya se conocía que el estatus socioeconómico bajo está asociado con menores rendimientos escolares, esta investigación viene a insistir en la idea de otros trabajos recientes que han encontrado asociaciones entre la pobreza y una menor superficie cerebral. En concreto, vincula ambas líneas de pensamiento al revelar que hasta un 20 por ciento de la diferencia en el desempeño entre los niños de altos y bajos recursos se puede explicar por diferencias en el desarrollo mental.
El trabajo, desarrollado en la Universidad de Wisconsin-Madison (Estados Unidos), utilizó una muestra de 389 niños y adolescentes sanos de entre cuatro y 22 años. Los investigadores, liderados por el psicólogo Seth Pollak, compararon los resultados de las pruebas de desempeño académico con el volumen de tejidos en ciertas áreas del cerebro.
La falta de recursos económicos es perjudicial para desarrollo cerebral infantil
Los investigadores sometieron a estos niños a estudios de imágenes por resonancia magnética con el objetivo de escanear y medir su volumen de materia gris en las áreas del cerebro de los niños que son «críticas para los procesos cognitivos que se requieren para tener éxito académico y que son vulnerables a las condiciones del entorno en la vida temprana de las personas», según explican en Scientific American, que se han hecho eco del trabajo.
Asimismo, el estudio contempló que algunos de los niños volvieran para hacerles reevaluaciones a los 24 meses. A estos mismos se les realizaron visitas de seguimiento por un periodo de hasta seis meses.
La conclusión fue encontrar que los niños que estaban creciendo en familias que estaban por debajo de la línea de pobreza tenían volúmenes de materia gris que estaban «entre un ocho y un diez por ciento por debajo del desarrollo normal». Una diferencia que no se vio entre los niños de clases medias y aquellos de familias pudientes, aunque aquellos que estaban 50 por ciento por encima de la línea de pobreza mostraron volúmenes de materia gris que estaban entre tres y cuatro por ciento por debajo de la norma.
Esto quiere decir, como explican en Scientific American, que a más dinero no necesariamente hay mejores desempeños, «pero en un cierto punto hay un efecto de caída en los ingresos que ocurre donde la falta de recursos económicos es perjudicial para el desarrollo».
Al respecto, el investigador principal del trabajo opina que el motivo por el cual no se ve un efecto continuo «es que los humanos somos muy resistentes», es decir, «los niños pueden aprender a ajustarse a una gran variedad de circunstancias, pero lo que ocurre con la pobreza extrema es que estamos moviéndonos fuera del rango en el que el cerebro humano puede ajustarse», matiza.
Brecha entre unos niños y otros
Sobre esto, Pollak explica en su trabajo que esperaba que la brecha existente entre unos niños y otros se fuera cerrando conforme los niños pasaban más tiempo en el colegio y fuera de casa, pero su investigación no lo observó: las diferencias en el desarrollo mental se seguían apreciando en los casos estudiados de chicos de 22 años.
Identificar las causas específicas que relacionan la pobreza con un menor desarrollo mental no es un trabajo simple, pero en estudios futuros Pollak y su equipo aseguran tratar de identificar cómo diferentes programas sociales, como los de almuerzo gratuito o vales de vivienda, pueden ayudar a los niños que crecen en la pobreza en su desempeño escolar. «Solía pensar en la pobreza como una cuestión de política social. Ahora lo veo como un problema biomédico, una condición ambiental o una toxina que afecta a los niños», concluye el investigador.
Ángela R. Bonachera
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